Las creencias en las religiones organizadas se basan sobre todo en la fe y en las emociones, con lo cual queda poco espacio para la razón y para la ciencia, y muchas veces la fe y las emociones están en guerra contra la razón y contra la ciencia.
El creyente de una religión organizada busca en ella ayuda para todos los aspectos de su vida y espera la salvación tras la muerte.
El creyente no tiene que buscar la verdad, pues la verdad es lo que predica y defiende la religión en la que cree. Debido a ésto sólo tiene que interpretar esa verdad y someterse a ella a cambio de conseguir lo prometido por su religión y lo esperado por él.
El creyente se tiene que liberar de todo aquello que le dificulta cumplir con las normas y con los dogmas. Tiene que cultivar solamente aquello que su religión considera como virtudes, y tiene que aceptar que su religión y sus dirigentes, dirijan la mayoría de los aspectos de su vida.
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